SENTIRTE HINCHADA NO TIENE POR QUÉ SER NORMAL

Una hinchazón puede deberse a múltiples causas, desde algo que hayamos comido al estrés, pasando por una intolerancia alimentaria, entre otras causas. Pero… también a un cáncer de ovario. Este cáncer no suele dar pistas y se detecta en fases avanzadas.

 

¿Cómo saber si la hinchazón se debe solo a los gases o es cáncer de ovario?

Si la hinchazón persiste tras eliminar alimentos flatulentos u otras posibles causas –como coger aire al comer, tomar bebidas carbonatadas, etc.–, hay que valorar que pueda ser un cáncer de ovario.

 

Otros síntomas cáncer de ovario

Hay otros síntomas que se relacionan con el cáncer de ovario, que también pueden confundirse con otras dolencias, como dolor abdominal o pélvico, sensación de estar llena casi al empezar a comer, gastritis, alteración en el ritmo de las deposiciones (de diarrea a estreñimiento), cambios de peso… También puede haber sangrado vaginal o cambios en la menstruación.

 

La revisión ginecológica no es suficiente

La revisión tiene pruebas específicas para detectar el cáncer de cuello de útero –como la citología–, o el de mama –como la mamografía–. Pero al no haber una prueba específica para el de ovario, es difícil que solo con la revisión anual sea suficiente. Incluso haciendo ecografías cada ciertos meses puede no detectarse precozmente. Para diagnosticarlo, el ginecólogo suele realizar primero un examen pélvico y luego una ecografía ginecológica, que es la prueba diagnóstica principal. Para complementar los resultados, puede realizarse un estudio Doppler –una ecografía por ultrasonidos– y un análisis para examinar ciertos marcadores tumorales. Además, puede realizar un TAC abdomino-pélvico o una resonancia magnética. Finalmente, se puede recurrir a una biopsia quirúrgica.

 

Si tu madre lo ha sufrido, extrema las precauciones

Si tu madre o tu hermana han sufrido cáncer de ovarios, tu riesgo es mayor. Si puede haber genes alterados ––BRCA 1 y BRCA 2– deberías pasar un test genético. También tienes más riesgo si hay otros tipos de cáncer en tu familia, especialmente de mama o colon.

 

Llevar una alimentación protectora

El Fondo Mundial de Investigación del Cáncer advierte de que el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de sufrir cáncer de ovario. Por ello, la Sociedad Americana contra el Cáncer propone una dieta rica en fruta y verdura y baja en grasas de origen animal, como carne roja, embutido, etc. También hacer ejercicio de forma regular puede ayudar a prevenir la dolencia, lo mismo que controlar el estrés, dormir las horas necesarias y evitar el tabaco.

 

La píldora anticonceptiva protege

Un estudio de la Universidad de Milán (Italia) atribuye el descenso del 10% de la mortalidad por cáncer de ovario en la Unión Europea entre el 2002 y el 2012 –un 11,3% en España– al uso de anticonceptivos orales, que ofrecerían una protección a largo plazo frente a este tumor.

 

Ser madre reduce el riesgo de cáncer de ovario

Las mujeres que han tenido hijos presentan un riesgo menor de sufrir cáncer de ovario que las que no han pasado nunca por un embarazo. Pero si el embarazo no llega debido a una endometriosis, hay que tener en cuenta que esta enfermedad puede aumentar el riesgo de sufrir cáncer de ovario, según publica The Lancet Oncology. La endometriosis se da cuando parte del tejido endometrial está fuera del útero (ovario, intestino...). Si te duele mucho la regla, podría ser que la sufrieras.

 

Dar el pecho también es bueno

Según la Organización Mundial de la Salud, dar el pecho también disminuye el riesgo de desarrollar cáncer de ovario y de mama.

 

La terapia hormonal sustitutoria aumenta el riesgo

La terapia hormonal sustitutoria (THS) para la menopausia se baraja como un factor de riesgo en este tipo de cáncer, sobre todo si se sigue durante mucho tiempo. La Universidad de Oxford (Reino Unido) asegura que el riesgo es mayor si el tratamiento se sigue durante 5 años. Pero el hecho de que el tiempo sea menor disminuye el riesgo pero no hace que este desaparezca. La duración del THS depende de la edad de inicio de su administración y no se recomienda más allá de los 50 años. Por ello se recomienda personalizar el tratamiento cuando la mujer sufre síntomas muy intensos.